Palabras olvidadas

Por las noches Abel cumplía su misión.
Escondido en una oficina, él fotocopiaba, noche tras noche, los papeles secretos de los servicios militares de seguridad: informes, fichas y expedientes que llamaban interrogatorios a las torturas y enfrentamientos a los asesinatos.
En tres años de trabajo clandestino, Abel fotocopió un millón de páginas. Un confesionario bastante completo de la dictadura que sufre su país y que está viviendo sus últimos tiempos de poder absoluto sobre las vidas y milagros de sus ciudadanos.
Una noche, entre las páginas de la documentación militar, Abel descubrió una carta. La carta había sido escrita quince años antes, pero el beso que la firmaba con labios de mujer seguía intacto.
A partir de ese momento, encontró muchas cartas. Cada una acompañada de un sobre que no había llegado a su destino.
Abel no sabía que hacer, mucho tiempo había pasado. Ya nadie esperaba los mensajes, palabras enviadas desde los olvidados y los idos hacia lugares que ya no eran y personas que ya no estaban. Eran letra muerta. Y sin embargo cuando las leía , Abel sentía el calor de su alma. Él no podía devolver las palabras a la cárcel de los archivos, ni podía asesinarlas rompiendolas.
Al fin de cada noche, Abel metía en sus sobres las cartas que había encontrado, las vestía con sellos nuevos y las echaba al buzón de correos.

~ por pimpilimpausa en septiembre 24, 2010.

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